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Esta web no te rastrea ni instala nada en tu navegador. Es raro decirlo y más raro cumplirlo, y por eso hay una página que explica cómo comprobarlo tú mismo.
Sobre mí
Las dos cosas resultaron ser el mismo oficio: abrir algo que parece cerrado y averiguar por qué hace lo que hace. Esta página explica de dónde viene mi forma de trabajar y por qué esta web está construida como está.
Soy Dragos C. I. Andrei. Hago auditorías de exposición digital y análisis forense para pymes y despachos de Málaga, y firmo informes periciales con mi nombre y mi responsabilidad civil detrás.
Primero
Estudié Técnico Superior en Mantenimiento Electrónico en el IES Politécnico Jesús Marín. Soldar placas, diseñar circuitos, trabajar con fibra óptica. Me gustó mucho: había una satisfacción concreta en entender un aparato hasta el punto de saber exactamente qué componente estaba fallando y por qué.
Después vino el trabajo real. Reparando electrodomésticos primero y trenes de lavado más tarde, con los tiempos ajustados que impone ese oficio. Y ahí aprendí la lección que más me ha servido, aunque tardara años en entenderla.
Hay dos formas de reparar. Una es cambiar la pieza que indica el manual: se sustituye, se comprueba que el aparato enciende y se cierra el parte. Es rápida, muchas veces acierta, y es la única que el sistema paga. La otra es averiguar por qué falló esa pieza, que casi siempre lleva a otro sitio. Nadie te da tiempo para eso.
No lo digo con desprecio: yo reparé así durante años, como todo el mundo en ese oficio, y el que repara no elige el tiempo que le dan. Pero cuando llegué a la seguridad informática reconocí el patrón inmediatamente.
Se instala el plugin que recomienda el foro, se comprueba que la web carga y se cierra el parte. Rápido, barato, y nadie ha averiguado qué estaba fallando.
Por eso no vendo instalaciones. Vendo averiguaciones. La diferencia entre las dos es exactamente la diferencia entre las dos formas de reparar un aparato.
La regla
Un informe pericial es un argumento formal: premisas, inferencia, conclusión. Si la inferencia no se sostiene, da igual lo impresionante que sea la conclusión. La mayoría de los informes técnicos que he leído fallan exactamente ahí: afirman más de lo que sus datos permiten afirmar.
Por eso cada dato que escribo va clasificado en uno de tres niveles, y nunca se mezclan:
El tercer nivel es el que casi nadie escribe, y es el que sostiene el informe cuando lo lee la parte contraria. Decir en voz alta qué no puedes demostrar es lo que hace creíble todo lo demás.
De ahí viene también una consecuencia práctica: el observador forma parte del sistema que observa. Cuando enciendo un dispositivo para analizarlo, lo estoy modificando. Eso no se puede evitar, así que se documenta: qué se tocó, cuándo y con qué herramienta. Un informe que no lo declara es un informe que no se puede reproducir.
Después
Cursé Filosofía en la Universidad de Málaga. No terminé la carrera. Lo digo sin adorno porque es lo que hay, y porque lo que aprendí en esos años lo uso todos los días.
La lógica se me dio bien. La estética y la filosofía del arte se me dieron mejor: fue de las asignaturas más exigentes de la titulación y saqué Matrícula de Honor. También llevo conmigo la antropología y la neurofilosofía, que enseñan algo incómodo y útil: que el aparato con el que observamos el mundo tiene sus propios defectos de fábrica.
De ahí sale la regla del apartado anterior. No la aprendí en un curso de ciberseguridad: la aprendí distinguiendo premisas de conclusiones durante dos años.
Y luego están los autores que uno no elige, sino que le eligen a uno. Camus, sobre todo: seguir empujando la piedra montaña arriba sabiendo que volverá a caer, y hacerlo de todos modos, con cuidado y sin dramatismo. Es más o menos la descripción del oficio. Y Rancière, con El maestro ignorante, que sostiene que se puede enseñar lo que no se sabe porque lo que se transmite no es el contenido, sino la confianza en que el otro puede entenderlo. Eso último lo compruebo cada vez que explico un hallazgo técnico a alguien que no es técnico y lo entiende a la primera.
Y entre medias
Trabajé en la Colección del Museo Ruso de Málaga, en el Centre Pompidou Málaga y en la Casa Natal de Picasso.
Lo que me cambió no fueron las obras, sino las visitas guiadas diarias. Cuando explicas el mismo cuadro por vigésima vez, dejas de ver el cuadro y empiezas a ver de qué está hecho. La línea. El punto. La decisión de poner ese trazo ahí y no tres centímetros más allá. Aprendes a mirar la forma en sí, no lo que la forma representa.
Kandinsky, que estaba muy atento a la física de su tiempo, anotó esto al conocer la división del átomo:
No me habría sorprendido ver una piedra disolverse en el aire ante mis ojos y volverse invisible.
Lo sólido no era sólido. Esa sensibilidad no se queda en el museo cuando termina el turno: te reconfigura la mirada.
Reconocerás la idea si trabajas en esto. Una infraestructura que lleva diez años funcionando parece sólida. No lo es: es un conjunto de decisiones antiguas que siguen aguantando, muchas tomadas por gente que ya no está y por razones que nadie recuerda. Mi trabajo consiste en mirar eso que parece firme y comprobar de qué está hecho.
Por eso
Casi todas las webs profesionales de mi sector están hechas con un gestor de contenidos y una docena de complementos. La mía no. Está escrita a mano, en HTML y CSS, sin gestor, sin complementos y sin librerías de terceros.
No es purismo. Es coherencia. Vendo revisiones de superficie de exposición, y cada complemento que instalas es superficie de ataque que requiere defensa extra: hay que vigilarlo, actualizarlo y responder por él. Sería difícil sostener ese argumento delante de un cliente si mi propia web fuera un ejemplo de lo contrario.
Esta web no te rastrea ni instala nada en tu navegador. Es raro decirlo y más raro cumplirlo, y por eso hay una página que explica cómo comprobarlo tú mismo.
Las tipografías se sirven desde aquí. No hay analítica externa ni scripts de otras empresas. Nada de lo que ves en esta página sale de otro servidor.
Menos cosas significa menos que puede fallar, menos que hay que mantener y menos que se puede aprovechar. En seguridad, lo que no existe no se puede atacar.
La paleta es de tierras: marfil, oliva, madera y grafito. El color aquí no decora, ordena. Marca qué es un hallazgo, qué es una advertencia y qué está verificado. Estas cuatro tarjetas son la muestra.
Lo del color también viene de los museos. Kandinsky sostenía que el color no es un adorno aplicado sobre la forma, sino un elemento con función propia, capaz de organizar lo que se mira. En un informe técnico ocurre exactamente igual: el color no está para que quede bonito, está para que el lector sepa dónde mirar primero.
Dónde
Toda mi formación es de aquí: el instituto, la universidad, los museos. Trabajo con negocios de esta provincia y me gusta poder ir a verlos.
Complementé la electrónica con la ciberseguridad buscando lo mismo que busca cualquiera: un trabajo digno. Ni más ni menos. Lo que no sabía entonces es que el oficio se construye despacio, caso a caso, y que esa lentitud acaba siendo parte del método.
Colaboro como voluntario con la Fundación Cibervoluntarios impartiendo talleres de alfabetización digital. Lo hago porque la brecha digital no es un problema técnico sino de acceso, y porque explicar algo complicado a alguien que parte de cero es la mejor manera que conozco de comprobar si de verdad lo has entendido.
También doy charlas en centros educativos. Ahí no vendo nada: cuento cómo funciona esto por dentro, incluidas las partes que no salen en las series.
En resumen
Es un currículum poco ortodoxo y no pienso disimularlo, porque es exactamente de donde viene lo que sé hacer. La electrónica me enseñó a abrir las cosas. La filosofía, a distinguir lo que se sigue de lo que no. Los museos, a mirar la forma en sí en lugar de lo que la forma aparenta.
Un análisis forense es las tres cosas a la vez: abres el sistema, separas lo que la evidencia prueba de lo que solo sugiere, y miras lo que hay en lugar de lo que esperabas encontrar.
Las titulaciones, con centro, horas y calificaciones, están en la portada y en GitHub.