Sobre mí
Antes de esto reparaba electrodomésticos
y estudiaba Filosofía en la UMA.
Las dos cosas resultaron ser el mismo oficio: abrir algo que parece cerrado y averiguar por qué hace lo que hace.
Soy D. Iván Andrei. Mantengo webs y correo, hago auditorías de exposición digital y análisis forense para pymes y despachos de Málaga, y firmo informes periciales con mi nombre y mi responsabilidad civil detrás.
- Peritaje Informático e Informática Forense · UNIR · 450 h · 9,20
- Director de Seguridad · UNIR · 450 h · 9,50
- Máster en Detective Privado, Ciberdelitos y Análisis Forense · UNIR · cursado, no finalizado
- Especialización en ciberseguridad · 420 h · forense, bastionado, respuesta a incidentes, normativa, entornos OT
- Responsable de Seguridad de la Información · experiencia en entorno pyme
El oficio
El oficio de abrir cosas.
Estudié Técnico Superior en Mantenimiento Electrónico en el IES Politécnico Jesús Marín. Después vino el trabajo real, reparando electrodomésticos primero y trenes de lavado más tarde, con los tiempos ajustados que impone ese oficio.
Hay dos formas de reparar. Una es cambiar la pieza que indica el manual: se sustituye, se comprueba que el aparato enciende y se cierra el parte. Es rápida, muchas veces acierta, y es la única que el sistema paga. La otra es averiguar por qué falló esa pieza, que casi siempre lleva a otro sitio.
Yo reparé de la primera forma durante años, como todo el mundo en ese oficio. Cuando llegué a la seguridad informática reconocí el patrón enseguida: se instala el complemento que recomienda el foro, se comprueba que la web carga y se cierra el parte. Rápido, barato, y nadie ha averiguado qué estaba fallando.
Hoy trabajo de la segunda forma. En el mantenimiento significa actualizar por tandas, probar la web después de cada una y arreglar lo que se haya roto antes de cerrar la revisión. En una auditoría o en un informe forense, averiguar qué ocurrió y decir con qué prueba se sostiene.
La regla
Lo que sí puedo demostrar,
y lo que no.
Un informe pericial es un argumento formal: premisas, inferencia, conclusión. Si la inferencia no se sostiene, da igual lo impresionante que sea la conclusión. La mayoría de los informes técnicos que he leído fallan exactamente ahí: afirman más de lo que sus datos permiten afirmar.
Por eso cada dato que escribo va clasificado en uno de tres niveles, y nunca se mezclan:
- Hecho probado por la evidencia. Lo que el artefacto acredita por sí mismo. «El registro del sistema recoge la conexión de un dispositivo de almacenamiento el 14 de marzo a las 19:42.»
- Inferencia razonable. Lo que se deduce de ese hecho, indicando el razonamiento y los supuestos de los que depende. «Es compatible con una copia de los ficheros abiertos minutos antes, dado que su tamaño coincide con el espacio ocupado.»
- Especulación — no sostenible pericialmente. Lo que el artefacto no permite afirmar, aunque lo parezca. «Quién estaba físicamente delante del teclado. Eso el disco no lo sabe, y decirlo sería inventarlo.»
El tercer nivel es el que sostiene el informe cuando lo lee la parte contraria. Decir en voz alta qué no puedes demostrar es lo que hace creíble todo lo demás.
De ahí viene también una consecuencia práctica: el observador forma parte del sistema que observa. Cuando enciendo un dispositivo para analizarlo, lo estoy modificando. Eso no se puede evitar, así que se documenta: qué se tocó, cuándo y con qué herramienta. Un informe que no lo declara es un informe que no se puede reproducir.
Antes de esto
Filosofía, y ocho años
mirando cuadros.
Cursé Filosofía en la Universidad de Málaga, sin terminar la carrera, y la regla de los tres niveles sale de ahí: la aprendí distinguiendo premisas de conclusiones. Trabajé en la Colección del Museo Ruso, en el Centre Pompidou Málaga y en la Casa Natal de Picasso, y cuando explicas el mismo cuadro por vigésima vez dejas de ver el cuadro y empiezas a ver de qué está hecho. De Kandinsky me quedó la sospecha de que lo sólido no siempre lo es: una instalación informática lleva diez años funcionando y parece firme, pero es un conjunto de decisiones antiguas que siguen aguantando. De Camus, empujar la piedra con cuidado y sin dramatismo. De Rancière, la confianza en que el otro puede entender lo que le explicas.
Por eso
Por qué esta web es así.
Casi todas las webs profesionales de mi sector llevan un gestor de contenidos y una docena de complementos. La mía está hecha en HTML y CSS, sin gestor, sin complementos, sin cookies y sin nada que salga de otro servidor. Es cuestión de coherencia: vendo revisiones de superficie de exposición, y cada complemento que instalas es superficie que hay que vigilar, actualizar y defender.
Dónde
Málaga, y lo que hago fuera.
Toda mi formación es de aquí: el instituto, la universidad, los museos. Trabajo con negocios de esta provincia y me gusta poder ir a verlos. Colaboro como voluntario con la Fundación Cibervoluntarios y doy charlas y talleres en centros educativos.
En resumen
Un técnico en electrónica que estudió
Filosofía y pasó ocho años mirando cuadros.
Es un currículum poco ortodoxo y no pienso disimularlo, porque es exactamente de donde viene lo que sé hacer. La electrónica me enseñó a abrir las cosas. La filosofía, a distinguir lo que se sigue de lo que no. Los museos, a mirar de qué está hecho lo que tengo delante.
Un análisis forense es las tres cosas a la vez: abres el sistema, separas lo que la evidencia prueba de lo que solo sugiere, y miras lo que hay, coincida o no con lo que esperabas encontrar.
Las titulaciones, con centro, horas y calificaciones, están al principio de esta página y en GitHub.